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Bostezar es intrigante y fascinante. Empezamos a bostezar en el vientre materno, desde las 20 semanas de gestación, y no dejamos de bostezar durante toda la vida. Se calcula que bostezamos unas 28 veces al día que ocupan unos 4 minutos de nuestro tiempo diario. A pesar de considerarse de mala educación en muchas culturas, bostezar es además incontrolable e irremediable. Para colmo, el bostezo suele ser tremendamente contagioso. Basta con ver a alguien bostezando para sentir unas ganas irresistibles de hacer lo mismo.

¿Por qué bostezamos? Solemos asociar el bostezo al aburrimiento o al cansancio, pero esta creencia no es del todo cierta. De hecho, la mayoría de los vertebrados (reptiles, pájaros, mamíferos o peces) también bostezan.

Otras sugerencias proponen que el bostezo nos permite refrigerar el cerebro para evitar el sobrecalentamiento de este órgano en constante actividad.

Para acceder al artículo completo, puedes ir a la página de The Huffington post: https://www.huffingtonpost.es/raquel-marin/el-cerebro-necesita-tu-bostezo_a_23568467/?fbclid=IwAR28KGtKQ55hGtbTQDig9fSzkSsUYZgXqMdLT9yP-6bURjN4sAsmfKbDU5I

El bostezo del feto: indicativo de salud cerebral

¿Por qué bostezamos en el vientre materno? No parece sostenerse la teoría de que bostezamos porque nos aburrimos, a pesar de los largos meses de soledad que muchos hemos pasamos antes de nacer.

Muchos estudios indican que bostezar indica un progreso armonioso en el desarrollo del cerebro y de los nervios periféricos que regulan el movimiento de los músculos. El bostezo del feto es tan relevante que la falta de bostezo se asocia frecuentemente a posibles disfunciones neuronales después del nacimiento.

Tras nacer, el cerebro sigue necesitando nuestro bostezo diariamente.

No bostezamos para oxigenar el cerebro

Aunque tradicionalmente se ha pensado que bostezamos a lo largo de la vida para oxigenar el cerebro, esta teoría carece de fundamento, ya que estamos constantemente respirando por la nariz o por la boca. De hecho, no bostezamos más cuando estamos en ambientes con menos cantidad de oxígeno.

Otras hipótesis recientes sugieren que bostezar nos permitiría pasar de un circuito neuronal de actividad espontánea basal a un circuito neuronal de atención plena. Según Walusinski (2014), bostezando aumentaríamos la cantidad de fluido en el cerebro, permitiendo un incremento de la atención y concentración ejecutar tareas que requieran mayor rendimiento mental.

 

PIABAY
Un león bostezando.

El bostezo es el aire acondicionado del cerebro

Otros estudios apuntan a que bostezar nos ayuda a regular la temperatura del cerebro y evitar el sobrecalentamiento.

Puedes hacer la siguiente prueba que hicieron investigadores americanos de la Universidad de Albany. Necesitarás estar rodeado de personas con ganas de bostezar. Toma un bloque frío a 4°C y colócalo en la frente, con cuidado de no dañarte la piel. La frente es donde más glándulas del sudor para disipar calor existen. Si hay alrededor personas bostezando es posible que reduzcas tus ganas de bostezar hasta cinco veces. Sin embargo, esto no ocurre cuando colocas en la frente un bloque a 37°C. Este experimento demuestra que enfriar la frente ayudaría a refrigerar el cerebro y elimina el bostezo contagioso. Alternativamente, puedes probar a respirar intensamente por la nariz para aumentar la refrigeración. Puede que también funcione.

Por otra parte, el aumento de la ventilación que acompañan al bostezo ayudaría a disipar parte del calor cerebral. La falta de sueño y el cansancio mental tras una alta actividad intelectual aumentan la temperatura del cerebro. Por ello aumentan las ganas de bostezar al levantarse o al acostarse, o cuando llevamos mucho tiempo trabajando intensamente en una tarea mental.

Bostezar más de la cuenta se asocia a patologías del cerebro

En el escenario clínico, bostezar en exceso (más de 3 veces cada 15 minutos de manera continuada) es un comportamiento común en enfermedades como infarto cerebral, esclerosis múltiple, enfermedad de párkinson, migraña, tumor cerebral, hipertensión intracraneal, insomnio crónico o epilepsia. También se bosteza con más frecuencia cuando se consumen algunos fármacos antidepresivos, opioides o ansiolíticos. Incluso el exceso de cafeína puede aumentar la frecuencia del bostezo. Pero no te alarmes si un día bostezas más de la cuenta, ya que puede ser simplemente porque tu cerebro necesita enfriarse. Bostezar es una práctica normal.

Me alegro si la lectura de este artículo te ha provocado ganas de bostezar. Quiere decir que ha suscitado tu interés y ha aumentado tu actividad mental.

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¡Exito!

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