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Nuestro cerebro humano es más sensible a detectar en los demás enfermedades futuras de lo que se pensaba. La visión y el olfato son suficientes para que tomemos conciencia en los demás de enfermedades que esas personas pueden padecer, incluso antes de que aparezcan los síntomas. Una vez toma conciencia de esa premonición, evita a la persona susceptible de enfermar.

Sistema evolutivo de defensa frente a posibles infecciones

A lo largo de la evolución del ser humano, una de las causa principales de muerte ha sido como consecuencia de infecciones. Por consiguiente, la detección de señales sutiles de posibles enfermedades sería una forma adaptativa de aprender las posibles consecuencias en ambientes con riesgo de presentar patógenos nocivos para la salud.

Por tu aspecto y tu olor, adivino que vas a caer enfermo

Todos sabemos que el sistema inmune es nuestro sistema de defensa por excelencia frente a enfermedades, pero es muy “caro energéticamente”.  Por ello, el cerebro actuaría colaborando con el sistema inmune para ayudarnos a prevenir posibles enfermedades antes de exponernos a posibles peligros infecciosos. ¿Cómo? Detectando los signos de enfermedad en nuestros congéneres antes de que aparezcan los síntomas, y evitando el contacto con esas personas en riesgo. Un estudio efectuado por investigadores de instituciones en Alemania, Suecia y Estados Unidos ha determinado la manera en la que las percepciones integran y reaccionan frente a enfermedades en otros humanos.

Para ello, utilizaron 22 voluntarios a los que inyectaron con una endotoxina para activar de manera transitoria el sistema inmune (y simular así que vas a caer enfermo). Tras la inyección, estos voluntarios desarrollaban durante unas horas los síntomas típicos de cuando vas a caer enfermo: cansancio, dolor y fiebre. Se tomaron fotografías faciales y muestras de olor corporal de esas personas antes y después de la inyección, y se mostraron de manera separada a otro grupo de 30 voluntarios que daban su valoración del atractivo de las otras personas. A este segundo grupo se le preguntó cuáles parecían enfermos, cuáles consideraban atractivos y con cuáles considerarían entablar una relación social.

Los resultados mostraron que tanto las caras como los olores después de la inyección eran menos atractivos para los 30 voluntarios examinadores. Además, las imágenes de los cerebros de estos examinadores  indicaban que se activaban regiones cerebrales que conectaban con una integración multisensorial en la corteza orbitofrontal y el surco temporal superior, hipotálamo y amígdala, áreas relacionadas con la toma de decisiones, evasión y alerta.

El apego y afecto reducen la alerta y el rechazo cerebral

Si bien este estudio demuestra que el cerebro es mejor aliado del sistema inmune de lo que al principio se pensaba, ello no incluye a las personas con las que se tienen lazos afectivos estrechos.

Como comenta el Professor Olsson del Instituto Karolinska (Suecia), investigador de este estudio “Con la excepción de nuestros hijos, hay pocas personas a las que besarías cuando tienen la nariz  mocosa, por ejemplo. En otras palabras, una señal de enfermedad puede también incrementar nuestra conducta de atención y protección de nuestros seres queridos”.

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¡Exito!

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