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Un nuevo trabajo de investigación ha demostrado que los cerebros entran en sincronización durante un diálogo, incluso en personas que no se conocen

El cerebro se adapta a lo que escucha

Tradicionalmente, las investigaciones apuntaban a que el cerebro se adapta a lo que escucha cuando alguien habla, ajustando el “ritmo interior” de sus neuronas de acuerdo a los estímulos de audición, el ritmo, la intensidad, para de esta manera “sincronizarse” en una conversación de acuerdo a lo que se emite.

Sincronización intercerebral para adaptar el habla y el oído

Ahora un nuevo trabajo efectuado por investigadores españoles y publicado en la prestigiosa revista Scientific Reports ha demostrado que, cuando se establece un diálogo entre dos personas, los cerebros se “entrenan” para adaptarse a lo que la persona dice o escucha, lo que viene a decir que el cerebro se adecuaría a cada conversación.

Para el estudio, parejas de personas del mismo sexo que no se conocían entre sí entablaban un diálogo sin verse entre sí. Los temas eran generales y, por turnos, intercambiaban el papel del que habla por el del que escucha.

Mediante análisis de electroencefalogramas midieron las ondas cerebrales de las personas mientras dialogaban y comprobaron que las oscilaciones de los cerebros eran de la misma frecuencia y el mismo ritmo. Es decir, las oscilaciones de los dos cerebros interlocutores eran las mismas.

La comunicación inter-cerebral va más allá del lenguaje

Según comentan los investigadores, estos resultados sugieren que el cerebro no se estimula de manera aislada en un lenguaje, sino dependiendo del cerebro de la persona con la que interacciona.

Esta observación podría ser un parámetro clave en la comprensión del lenguaje y de las relaciones interpersonales. El cerebro tendría que “entrar en sintonía” con la persona con la que dialoga para estar en la mayor comprensión posible.

Estos hallazgos ponen de relevancia la importancia de la naturaleza interactiva de las relaciones entre las personas, más allá de lo que se dice. Las palabras no son lo único que le importa al cerebro.

Lo siguiente será comprobar si ese mismo fenómeno de sincronización de cerebros se establece entre dos personas que hablan lenguas distintas y que, por tanto, no se comprenden entre sí. ¿Seguirán sincronizándose los cerebros en “incomprensibles diálogos de besugos”?

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¡Exito!

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