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A pesar de aumentar la esperanza de vida, las observaciones científicas indican que el ser humano consigue a duras penas llegar a los 100 años, como si de una «obsolescencia programada genética» se tratara. Esta tendencia se ha mantenido estática varias décadas, lo que indica que la mortalidad en los centenarios no ha disminuido.

¿Cuánto podemos vivir los humanos?

En 2017 moría la súpercentenaria Emma Martina Luiga Morano (Italia) que vivió 117 años y 137 días. Se registró como la mujer más longeva del mundo en esa década, precedida por Jeanne Calment (Francia) que había muerto en 1997 ostentando el récord absoluto de 122 años y 164 días. La señora Calment no deja de ser un caso muy particular, ya que no cumplía con los preceptos de salud estándar. Si bien tuvo una vida sin estrés, no provenía de una familia longeva. De hecho, sobrevivió a su hija e incluso a su nieto. Era una señora físicamente activa que montó en bicicleta hasta los 100 años y caminó sin bastón hasta las 114. Por el contrario, fue fumadora hasta los 117 años. Al final de su vida, sufrió un deterioro acelerado que acabó con su vida en poco tiempo.

Cuando se analizan las bases de datos de mortalidad humana se observa que la esperanza de vida no ha dejado de aumentar en el último siglo, siendo actualmente de aproximadamente 10 años más que hace 1 siglo. Sin embargo, este incremento se atribuye a menos defunciones en la población joven más que a un aumento de la vida de los más mayores. Con los años, la posibilidad de muerte aumenta exponencialmente, alcanzando un techo de vida que no llega en el mejor de los casos más allá de los 115 años.

Algunos científicos explican esta barrera por el límite natural de errores inesperados en programas genéticos fijados que incluyen imperfecciones intrínsecas en las células. En otras palabras, el cúmulo de errores en la lectura genética de las células cuando se reproducen llegaría a su límite.

La buena noticia: Las investigaciones persiguen estrategias variadas para ralentizar el proceso acelerado de deterioro que ocurre al envejecer.

La mala: no existen todavía fármacos para la longevidad.

Limpiar el cuerpo de células zombis

Las células zombis reciben este nombre porque son células inservibles que se resisten a morir. En general el organismo tiene sistemas de eliminación de células defectuosas, envejecidas, cancerígenas u obsoletas. El principal encargado de esta labor es el sistema inmune.

En los años 50 se encontraron células que a pesar de estar dañadas se resistían a morir. Como si de la manzana podrida del cesto se tratara, las células zombis se acumulaban y soltaban sustancias tóxicas que podían dañar a las células sanas.

Una investigación reciente efectuada en Estados Unidos ha demostrado en ratones que la eliminación de un 30% de las células zombis es suficiente para conseguir rejuvenecer a los ratones envejecidos. Como comentan los investigadores, se trata de una técnica muy eficaz ya que ni siquiera es necesario eliminar la mayor parte de ellas para obtener resultados favorables. El método todavía no se ha trasladado a humanos.

Ayunar y comer poco

El ayuno y las dietas hipocalóricas son los mejores remedios para ralentizar el envejecimiento. También los más drásticos.

Un ayuno usado comúnmente de manera experimental es no ingerir alimentos en días alternos durante un tiempo prolongado. La restricción calórica aumenta la esperanza de vida en muchos organismos, desde levaduras, gusanos, moscas de la fruta y roedores.

En los humanos, los estudios clínicos demuestran que el ayuno en días alternos durante 3 semanas es eficaz para aumentar la longevidad. Efectos similares se observan en dietas de 500 kcal 2 días a la semana (el equivalente a 2 huevos fritos). Los efectos observables son la reducción de la inflamación, la mejora de la sensibilidad a la insulina y la bajada de la presión arterial. Sin embargo, esta práctica es peligrosa para personas con diabetes, síndrome metabólico, debilidad y en los mayores. ¡No lo hagan por su cuenta sin supervisión médica!

Actualmente, algunos fármacos se diseñan para imitar los efectos beneficiosos del ayuno. Se trataría de ralentizar el metabolismo utilizando distintas dianas en el organismo, como proteínas y hormonas. Esta farmacología se encuentra aún en fase experimental.

Adiós inflamación

Una de las estrategias perseguidas en la longevidad es reducir la inflamación. La inflamación basal es uno de los factores que aumentan con el envejecimiento. Por consiguiente, si se consiguieran controlar los factores que generan inflamación se podría conseguir el objetivo deseado.

Sin embargo, los procesos inflamatorios son mucho más complejos de lo que se preveía. Participan una gran variedad de órganos y tejidos más allá del sistema inmune, como son el intestino, el hígado, los músculos y hasta el tejido graso.

PIXABAY
Glóbulos rojos.

Genética y epigenética

Como se dice comúnmente, “tener buenos genes” contribuye a envejecer sanamente. En la práctica se observa en gemelos idénticos que la genética en el momento de nacer tan solo contribuye un 25% a la esperanza de vida. El otro 75% lo pone la epigenética, es decir, la interacción y efecto de los genes con los factores medioambientales (estilo de vida, dieta, estrés, exposición a tóxicos, etc.).

Por consiguiente, una de las estrategias posibles se basaría en reducir los daños acumulados en el ADN y su reparación.

Sea como anti-inflamatorios, anti-zombis, reductores del metabolismo o reparadores genéticos, es bastante probable que en algún momento seamos testigos de nuevos remedios potentes para la longevidad.

Más allá de la ciencia y la investigación, una maravillosa estrategia de longevidad mental es la enunciada por el escritor Gabriel García Márquez:

«No es verdad que las personas paran de perseguir sueños porque se hacen viejos, se hacen viejos porque paran de perseguir sus sueños.»

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¡Exito!

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