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Los humanos no hacemos amigos al azar, sino siguiendo patrones parecidos a los nuestros, tanto por el físico, la edad o el género. ¿Elegimos también nuestros amigos próximos de acuerdo a su forma de percibir e interpretar el mundo? Un nuevo estudio científico nos da la respuesta.

La elección de las amistades

“Dime con quién andas y te diré quién eres”. La noción de que las personas tienden a parecerse a sus amigos es de sobra conocida. Las estadísticas demuestras que tenemos tendencia a elegir nuestros amigos por su edad, género, etnia y categoría demográfica. Esta tendencia se denomina “homofilia” e incluso se reproduce en los contactos que elegimos en redes sociales. Algunos expertos sugieren que la homofilia es un principio ancestral de organización social, la más frecuente y más duradera.

Este principio tiene una base histórica. En el transcurso de nuestra evolución de cazadores-recolectores las tendencias de conducta cooperativa se hacía en base a similitudes incluso en el peso, la altura y la fortaleza física.

Predecir los vínculos amistosos

Partiendo de la hipótesis de que las amistades son sorprendentemente similares en la forma de percibir, interpretar y reaccionar en el ambiente, entonces es posible que las afinidades se extiendan a la forma de funcionar en la actividad de sus cerebros.

Para responder a esta pregunta, una investigación reciente efectuada por científicos de EE.UU. En la investigación participaron estudiantes pos-graduados. Primero, se determinaron mediante una encuesta los lazos de amistad entre ellos.

De acuerdo a las respuestas obtenidas, eligieron un grupo de 42 voluntarios a los que les hicieron visionar vídeos de música, ciencia, política, comedia, etc. mientras se registraba la actividad del cerebro mediante resonancia magnética.

Los resultados demostraron que la forma de respuesta neuronal de diversas regiones del cerebro era similar entre las personas con vínculos afectivos. Las similitudes en esta actividad se reducían en personas que no tenían una amistad, y era muy diferente entre personas que apenas se conocían.

Los datos eran tan significativos que los investigadores podían predecir incluso quiénes mantenían un  lazo amistoso fuerte únicamente a través del análisis de las imágenes cerebrales.

Los investigadores concluyen que somos excepcionalmente similares a nuestros amigos en la manera en la que percibimos nuestro entorno, y esta percepción influencia la atracción entre personas.

¿Y qué pasa con mis amistades?

Seguramente, al igual que yo, os habéis hecho esa reflexión pensando en vuestros amigos. En mi caso, son de muchas nacionalidades, géneros y edades variadas, como seguramente también os pasará a algunos de vosotros/as. Lo que seguramente nunca sabremos es si nuestra forma cognitiva de funcionar “neuronalmente” es similar. ¿Será factible también determinar los cerebros que son de “mente abierta” como el mío?

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¡Exito!

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