La inflamación suele tener connotaciones negativas, ya que se asocia indefectiblemente a un malestar y una patología. No obstante, la inflamación es parte de nuestra existencia. Es la manera que tiene el organismo de responder a los “ataques” potencialmente nocivos. Lamentablemente, estos procesos inflamatorios normales pueden dañar al cerebro. El mejor antídoto: una buena noche con sueño de calidad. El sueño reparador existe.

¿Por qué dormimos?

Se ha demostrado que dormir es esencial para la salud mental. Mejora la memoria y la gestión de los recuerdos, regula el metabolismo y reduce la fatiga mental.

Se necesitan un mínimo de 7 horas diarias para la función cognitiva y comportamental estable.

Cuando dormimos, el cerebro se reorganiza y se recarga, elimina los desechos tóxicos producidos por su actividad.

Por otra parte, cada vez hay más evidencias que indican que cada fase del sueño restaura y rejuvenece el cerebro para su óptimo funcionamiento.

En este sentido, cuando nos privamos de dormir, el proceso activo del sistema glinfático (el limpiador celular del cerebro) no tiene tiempo de ejercer esta acción. En consecuencia, se acumulan las toxinas y las funciones cognitivas, la toma de decisiones y la conducta se ven alteradas.

La actividad cerebral durante el sueño

Generalmente, dormir es una actividad inconsciente en la que de alguna manera se está “despierto”. Por eso sentimos miedo, sorpresa, fatiga y tristeza dependiendo de lo que el cerebro estaba soñando. En esta etapa, el cerebro responde menos a los estímulos externos.

Es importante mantener los ciclos del sueño, restaurando energía que se vuelve a utilizar. Mientras dormimos, el cerebro pasa por distintas fases que se pueden identificar. Estas fases son importantes ya que si nos despertamos en medio de uno de estos momentos el cerebro resiente la fatiga.

En una persona, el sueño se divide en dos fases principales, cada una dividida en varios ciclos. La primera es la del sueño NREM (non-rapid eye movement) en la que el parpadeo es más lento y la REM (rapid eye movement) en la que los párpados se agitan a mayor velocidad, la respiración se altera y podemos tener movimientos bruscos. A su vez, NREM se divide en N1, N2 y N3 (esta última también denominada de ondas delta). La N1 y N2 son de sueño ligero, mientras que N3 es de sueño más profundo.

Durante las 8 horas de sueño, se pasa por el periodo REM unas 4 o 5 veces. Esta es la fase en la que normalmente se experimentan los sueños.

La mala calidad del sueño afecta al cerebro

La falta de sueño o tener sueño de mala calidad repercute directamente en la memoria. Dormir es necesario para regenerar las distintas partes del cerebro y que puedan seguir funcionando con normalidad.

Si las neuronas no se “reprograman” se afecta al comportamiento y actividad intelectual de las personas. Se resiente la capacidad de concentración y la posibilidad de evocar recuerdos.

Servicio de limpieza al rescate

De estas observaciones, se puede concluir que uno de los principales objetivos de dormir es limpiar los desechos cerebrales. Dormir permitiría al servicio de limpieza cerebral efectuar su trabajo para poder recoger la basura cerebral y poder recomenzar un nuevo día con la mente en forma.

Este servicio de limpieza se basa en un fluido (líquido cefalorraquídeo) al que se vierten sustancias del cerebro y elimina las toxinas para poder mantener un espacio limpio. Se denomina sistema glinfático. Sería como el sistema de fontanería cerebral. Este sistema está formado fundamentalmente por células glía que son un tipo de célula del cerebro con muchas funciones de soporte, incluida la limpieza de basuras celulares. También se encargarían de regular el líquido cefalorraquídeo.

El sistema glinfático tiene servicio de 24 horas, existe de día y de noche. Sin embargo, durante la noche aumenta su caudal hasta 60 veces, lo que permitiría conseguir una mayor retirada de residuos rápidamente. En particular, el líquido cefalorraquídeo tiene más espacio para expandirse cuando corre menos sangre por la zona, lo que suele ocurrir en la fase de ondas delta. En esa fase, las neuronas estarían menos activas por lo que necesitarían menos oxígeno y nutrientes que la sangre transporta. De esa manera, el servicio de limpieza tendría más margen de maniobra.

Por ejemplo, la acumulación de agregados proteicos típicos de enfermedades como el Alzhéimer y otras demencias podrían limpiarse profusamente gracias al servicio del sistema glinfático.

Lo mismo ocurriría con las sustancias generadas por los procesos inflamatorios del organismo, que de otra manera podrían ser dañinos para las neuronas.

Busquemos momentos de sueños de calidad. Prepara el ambiente para prepararte al sueño: luces tenues, poco ruido, una ropa y cama cómodas, una infusión de una hierba relajante. Si tu horario te lo permite, evita estar trabajando hasta altas horas si no es para algo de extrema urgencia. ¡Dispositivos fuera!

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