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El aislamiento del bebé genera de adulto daños irreversibles en el cerebro

La carencia en los primeros meses de vida de contacto social genera una merma en el volumen del cerebro y el cociente intelectual de adulto. Incluso aunque el bebé tenga posteriormente una vida afectiva saludable en el seno familiar y del contexto medioambiental. Un nuevo estudio con bebés refugiados del régimen del dictador rumano Ceausescu así lo ha demostrado.

La carencia en los primeros meses de vida de contacto social genera una merma en el volumen del cerebro y el cociente intelectual de adulto. Incluso aunque el bebé tenga posteriormente una vida afectiva saludable en el seno familiar y del contexto medioambiental. Un nuevo estudio con bebés refugiados del régimen del dictador rumano Ceausescu así lo ha demostrado.

Bebés aislados y desatendidos en centros

Se trata de un nuevo estudio que se publicó recientemente. Tuve la suerte de conocer en el congreso de la Sociedad española de neurociencia el verano pasado por uno de los propios autores.

En el estudio siguieron el desarrollo de 67 niños rumanos huérfanos del régimen de Ceausescu en los años 70. La mayoría de ellos eran bebés cuando fueron separados de sus familias y trasladados a Centros en los que estuvieron aislados entre 3 y 41 meses. En estos Centros permanecían aislados con muy poco acceso a estímulos o contacto afectivo. Posteriormente esos niños fueron adoptados por familias inglesas en ambientes altamente favorables con una buena educación y una buena alimentación.

Sin embargo 30 años después se demuestra que estos niños ahora adultos tienen hasta un 8-9% de reducción del total del volumen cerebral. Un dato interesante es que el volumen inferior del cerebro estaba relacionado con el tiempo de duración del aislamiento. Es decir, que cuanto más tiempo hubieran permanecido en esos Centros peores eran las posibilidades de recuperación.

Mayor riesgo de TDAH

Por otra parte, estos refugiados tenían de adultos mayores dificultades para incorporarse a los estudios superiores y tenían un mayor riesgo de trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Además, tenían en muchos casos dificultades en las habilidades sociales. Por ejemplo, tenían menos capacidad para involucrarse con amigos y abandonaban más fácilmente las relaciones afectivas.

Sin afecto el desarrollo cerebral se ve mermado

Lo interesante de este estudio es que muestra una clara correlación entre la situación emocional del cerebro en los primeros meses de vida y el desarrollo del intelecto posterior. Además, estas diferencias en la estructura cerebral parecen no ser reversibles sino se acatan en los primeros meses de vida.

No solamente otras capacidades como el lenguaje son importantes sino que el vínculo afectivo y el nicho familiar parece determinante en la capacidad cognitiva de la inteligencia. Incluso cuando posteriormente estén durante su infancia con familias que los quieren y los cuidan.

Por otra parte, otro aspecto que se relaciona con el peor desarrollo cerebral tiene que ver con la ausencia de estímulos en el ambiente. No solamente el afecto, sino el estímulo visual, captar nuevos olores, sentir diversos tipos de tactos y temperaturas, acceso a sonidos y voces variados, etc. genera todo un conjunto de factores esenciales para el desarrollo cerebral.

Los investigadores descartan que este parámetro tenga que ver con malnutrición, ya que los niños posteriormente siguieron dietas que permitían tener un desarrollo normal. No sufrieron de carencias vitamínicas o de otro tipo de defectos nutricionales posteriores o síndromes metabólicos.

Los estímulos ambientales y el afecto antes que la genética

Un aspecto interesante de los resultados es que parece priorizar la carga afectiva frente a la propia carga genética.

Por otra parte, no todas las regiones del cerebro se veían afectadas por igual. Las zonas de la corteza frontal (la parte anterior) eran las más mermadas. Los científicos explican este fenómeno comentando que seguramente tiene que ver con que hay regiones del cerebro que se desarrollan rápidamente en los dos primeros años de vida. Posteriormente, hay otras regiones del cerebro que inician su desarrollo, por lo que las que estarían afectadas en estas personas tendría que ver con los meses de hacinamiento en la etapa prenatal.

Este estudio es muy revelador respecto a la importancia del cuidado familiar y del ambiente social en los primeros meses de vida sobre el intelecto.

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